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¿Es ahora el momento de consolidar la lucha contra el cambio climático?

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Tras la COP-25 celebrada en Madrid el pasado diciembre, el 2020 debía ser un año decisivo para las iniciativas contra el cambio climático. Sin embargo, el ciclón de la pandemia del COVID-19 ha hecho que la próxima cumbre se retrase, así como los planes e iniciativas vinculados con el clima y el cambio climático. Sin…

¿Es ahora el momento de consolidar la lucha contra el cambio climático?

En los últimos meses, hemos visto cómo los índices de contaminación han descendido drásticamente, los cielos vuelven a estar azules, la naturaleza ha cobrado vida e incluso los sismólogos han observado que la Tierra vibra menos. Le hemos dado a nuestro planeta azul un buen descanso. Desde febrero, los satélites de la NASA han detectado descensos de entre un 20% y un 30% en las emisiones de dióxido de nitrógeno en algunas regiones de países muy afectados por la COVID-19, como Italia, China y Estados Unidos. Sin embargo, estas mejoras se han producido a costa de la salud de las personas y del parón de la economía, lo que nos lleva a pensar que no se está haciendo lo suficiente para paliar el problema del cambio climático a nivel institucional, personal y empresarial. De nada nos sirven unos buenos índices medioambientales ahora si los seres humanos seguimos sin ser capaces de ver las ventajas de dar un respiro a nuestro planeta, invertir en iniciativas ecológicas, apoyar la economía circular y las empresas sostenibles, y la necesidad de cambiar nuestros hábitos de producción y consumo. Según el Instituto Oceanográfico Scripps de la Universidad de San Diego en los EE. UU., para lograr una disminución significativa de las cantidades de CO2 En la atmósfera, debería lograrse a nivel mundial una reducción sostenida del 10% en el uso de combustibles fósiles durante un año. Y ya hay datos que respaldan este cambio. Un nuevo informe publicado por la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena) publicado a principios de junio, indica que “la energía renovable es cada vez más barata que cualquier nueva capacidad eléctrica basada en combustibles fósiles”. En promedio, la energía solar fotovoltaica (FV) nueva y la eólica terrestre cuestan menos que mantener muchas centrales de carbón existentes en funcionamiento, y los resultados de las subastas muestran que esta tendencia se está acelerando. reforzando el argumento para eliminar por completo el carbón. Algunas ciudades como París ya han puesto en marcha iniciativas medioambientales como la construcción de 650 kilómetros de “carriles bici corona” y Milán ha anunciado un ambicioso plan para reducir el uso del coche y dar prioridad a peatones y ciclistas. Asimismo, en España se han cerrado numerosas vías al tráfico para multiplicar los espacios abiertos accesibles a los peatones. Es ahora el momento de consolidar la lucha contra el cambio climático. Después de la COP-25 celebrada en Madrid el pasado diciembre, 2020 iba a ser un año decisivo para las iniciativas climáticas. Sin embargo, el ciclón de la pandemia del COVID-19 ha provocado el aplazamiento de la próxima cumbre, junto con los planes e iniciativas asociados al clima y al cambio climático. No obstante, la mayor conciencia ciudadana sobre este tema significa que no hay vuelta atrás. La sociedad, y especialmente los jóvenes, exigen un mayor interés por parte de gobiernos y empresas, y pretenden convertirse en una nueva generación verde que proteja su planeta. Una de las Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas es “garantizar la disponibilidad y gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos”. Esta escasez de recursos hídricos, junto con la mala calidad del agua y el saneamiento inadecuado, tienen un impacto en la seguridad alimentaria, los medios de subsistencia y las oportunidades educativas para las familias pobres de todo el mundo. Algunas de las iniciativas para lograr este objetivo incluyen la protección y restauración de los ecosistemas asociados con el agua, la ampliación de la cooperación internacional y el apoyo proporcionado a los países en desarrollo para programas relacionados con el agua y el saneamiento, y la promoción de la recolección de agua, la desalinización, el uso eficiente de los recursos hídricos, el tratamiento de aguas residuales y las tecnologías de reciclaje y reutilización. En mayo de 2020, La agencia de salud de la ONU, con el apoyo de millones de trabajadores sanitarios, publicó un manifiesto con los pasos a seguir para una recuperación verde y saludable tras la pandemia: 1. Proteger y preservar la fuente de la salud humana: la naturaleza 2. Invertir en servicios esenciales, desde agua y saneamiento hasta energía limpia en centros de salud 3. Garantizar una rápida transición energética saludable 4. Promover sistemas alimentarios saludables y sostenibles 5. Construir ciudades saludables y habitables 6. Dejar de utilizar dinero de los contribuyentes para financiar la contaminación Como podemos ver, el agua se incluye en todas las agendas e iniciativas relacionadas con objetivos medioambientales. Pero lo cierto es que estamos agotando las reservas de agua dulce de todo el planeta, aportando poco o nada a la búsqueda de alternativas nuevas y no convencionales de agua que nos permitan preservar nuestras fuentes naturales. La infraestructura hídrica nueva y moderna requiere una inversión significativa, pero los beneficios a corto, medio y largo plazo son innumerables, no solo para los ciudadanos y las industrias que tienen una necesidad real de agua, sino también para el medio ambiente. El agua es un aliado en la lucha contra el cambio climático. Soluciones como la desalinización y la reutilización ofrecen una alternativa segura para producir agua de calidad y, además, contribuyen a preservar los recursos de agua potable y a mantener reservas para las generaciones futuras. Es ahora el momento de consolidar la lucha contra el cambio climático. Los principales detractores de la desalinización siempre han destacado su elevado consumo energético. Sin embargo, este problema se ha resuelto ahora gracias al uso de la tecnología de ósmosis inversa, que ha reducido drásticamente el consumo energético. Si esta tecnología se combina con la producción de energía fotovoltaica renovable y los precios actuales del mercado, no solo disponemos de una opción claramente sostenible que reduciría significativamente las tarifas del agua, sino que también permitiría una producción con cero emisiones. La reutilización está empezando a constituir otro elemento importante en la gestión de la planificación hídrica y puede utilizarse como sustituto para muchos usos que hasta ahora requerían el uso de agua potable. Las barreras tecnológicas que antes impedían alcanzar niveles adecuados de calidad y salubridad se han superado con la eliminación de patógenos, color y olor, y se ha introducido un control continuo y eficaz, por lo que ya no hay excusa para no emplear las aguas residuales tratadas en usos agrícolas, urbanos o industriales. Tanto es así que, en los últimos meses, se han producido avances muy importantes en la Unión Europea. El pasado mes de mayo, la Comisión aprobó el nuevo Reglamento sobre la reutilización del agua. La nueva normativa define, por primera vez, los requisitos mínimos a nivel europeo para que el agua regenerada pueda utilizarse de forma segura con fines agrícolas, protegiendo a las personas y al medio ambiente. Este nuevo reglamento tiene por objeto garantizar un uso más amplio de las aguas residuales tratadas con el fin de preservar las masas de agua dulce y las aguas subterráneas. El descenso de los niveles de las aguas subterráneas, debido en particular al riego agrícola, pero también al uso industrial y al desarrollo urbano, constituye una de las principales amenazas para los recursos hídricos de la Unión Europea. Simona Bonafè (S&D;; Italia), responsable de la tramitación parlamentaria del texto legislativo, afirmó: “Podríamos reutilizar potencialmente 6 600 millones de metros cúbicos de agua para 2025, frente a los 1 100 millones de metros cúbicos anuales actuales. Esto requeriría una inversión inferior a 700 millones de euros y nos permitiría reutilizar más de la mitad del volumen actual de agua procedente de las plantas de tratamiento de aguas residuales de la UE, teóricamente disponible para el riego, evitando así más del 5 % de la extracción directa de las masas de agua y las aguas subterráneas”. Por lo tanto, hemos llegado a la conclusión de que el agua es clave para continuar la lucha contra el cambio climático y sus graves consecuencias para el planeta. Invertir en proyectos hídricos innovadores, especialmente en regiones con escasez de agua, es vital para garantizar el abastecimiento de agua y alimentos, el desarrollo económico y la protección del medio ambiente natural. Sin embargo, aunque a veces los presupuestos públicos no incluyen partidas destinadas a mejorar o ampliar las infraestructuras hídricas renovables, pueden beneficiarse de la experiencia y la liquidez de las empresas privadas dispuestas a invertir y colaborar en este ámbito. Las instituciones deben cambiar su mentalidad para permitir la entrada de financiación privada que les permita cubrir las necesidades reales de agua de sus poblaciones y de su tejido industrial. La obsolescencia y la gestión deficiente de las infraestructuras hidráulicas provocan decenas de miles de averías y cortes de suministro al año, incluso en países muy desarrollados como Estados Unidos. La colaboración público-privada ayudaría a movilizar los recursos necesarios, transfiriendo el riesgo y los conocimientos tecnológicos a empresas con experiencia en la materia. Por lo tanto, podemos afirmar que se dispone de los medios, la tecnología y los recursos necesarios para seguir avanzando por la senda de la sostenibilidad y la protección del medio ambiente. Este respiro temporal que le hemos dado a la Tierra no puede ser en vano. Los gobiernos, las empresas y los ciudadanos deben seguir invirtiendo en nuestro planeta, con el fin de garantizar los recursos y la vida en general. Es una cuestión crucial. No hay un planeta B. Ahora es el momento de consolidar la lucha contra el cambio climático y ampliar los esfuerzos para lograr un mundo más sostenible. En concreto, la pandemia de la COVID-19 ha puesto de relieve la importancia del agua tanto para la salud y la higiene de las personas como para la alimentación y el consumo directo. ¿Qué más necesitamos para invertir en tecnologías y proyectos que hagan posible llevar el agua a todos los seres humanos?